Los dry fit

Los Dry Fit nacen a raíz de la crisis Argentina del 2001, en la que la gente debió comenzar a comprar productos genéricos, dejando de lado las marcas de primera calidad a las cuales estábamos acostumbrados.

Este hecho hizo catarsis no solo en los productos alimenticios, sino también en la vestimenta, generando una gran oportunidad para aquellos que tenían la capacidad de reproducir las marcas de ropa más caras por unos míseros centavos.

El Dry Fit ve esta posibilidad de arroparse de pies a cabeza por Dolce & Gabana, Armani Exchange, Nike, Adidas y muchos mas como un oasis en el desierto, comenzando a asistir a cuanta feria barrial le ofrezca un pantalón trucho pero que parezca original.

Dentro de sus premisas, la mas ponderosa de todas es la de vestir absolutamente siempre pantalones pescadores. No importa si llueve, si truena, o si se avecina un tornado, el Dry Fit ha hecho de sus piernas un bastidor en el que siempre dibuja la misma ridícula figura de un pantalón incompleto. Algunos Dry Fit revolucionarios, han incorporado a sus placares pantalones pescadores, pero que poseen un cierre para adherirle el pedazo faltante de esa porquería popular.

Sumado a todo este paquete de costumbres desagradables, estos personajes comienzan a comprar de manera desmedida todo tipo de camisetas de futbol, las cuales finas como una feta de paleta sandwichera, transparenta absolutamente todo su cuerpo.

Por supuesto, cuanto más llamativas sean las prendas Dry Fit que ellos consumen, se sienten más populares e importantes. Aquel que encuentra la camiseta de futbol más fosforescente o los pantalones con más tribales se podría denominar un héroe de la manada barrial.

Sin embargo, los Dry Fit desconocen el significado de la palabra y haciendo caso omiso de lo que realmente significa y las ventajas que esta tela trae, deciden usarla no solo para hacer deportes, sino para sentirse vestidos de gala.

Otra característica peculiar de estos personajes es el acompañamiento de una gorra. Jamás salen arropados totalmente con su ropa de la salada sin acompañarla con una gorra que termine de quitarles el hambre a los pobres transeúntes que deben observarlos.

Dicen las malas lenguas, que muchos de estos personajes se han revelado de sus respectivas tribus Dry Fit y se han acoplado a los Dj Urbano, aprovechando la combinación de su escandalosa manera de vestir y la portación de sus celulares fosforescentes capaces de dejar ciego a cualquier nene.

Para que la ensalada de mal gusto sea condimentada, estos subnormales decidieron acompañarla con la ultima moda de todo pata de lana; las motitos. Si, absolutamente todos los Dry Fit compran motos, preferentemente de la marca Mondial, a pagar en una cantidad de cuotas que alcanza las seis cifras. Algunos intrépidos, han sabido decorarla de manera tan escandalosa que ni los Dj Urbanos podrían superarlos. Es que va más de una vez que me topo con uno de estos subnormales en sus motos de mierda, pero con una especie de injerto radial, que atrona a toda la vecindad con su reggaetonto espantoso. Por otro lado, los Dry Fit están totalmente obsesionados con el tema del Delivery. No importa la zona, la familia o la educación, si obtienen un trabajo es llevando cosas, y sobre esto no hay discusión.

Hay Dry Fit delivery de pizzas, delivery de farmacia, motochorro, moto mensajeria, cartero, y todo tipo de derivados de la repartición de bienes materiales.

Para terminar de poder enjuiciar a estos personajes, debo no olvidar de mencionar que siempre son fanáticos de una banda. Mayoritariamente prefieren los grupos que llevan guiones en sus nombres; “Supermerk-2”, etc.

Los fines de semana pueden ser encontrados en shoppings de gran envergadura ya que son amantes de pegar la cara a la vidriera y hacerse la paja mental con el último modelo de zapatillas. Adoran decir frases tales como; “Ah, guacho, mira esas llantas. Están re piolas”.

Los días de semana van con sus apuntes mentales a la salada y buscan los mismos modelos que contemplaron en el Shopping del cual solo consumieron un cono de MC Donalds y logran su cometido subvencionando y siendo cómplice de la explotación de unos pobres indocumentados que en un taller escondido, fabrican diecisiete pares de zapatillas ilegales por dos pesos la hora.