No a los Rengos
Una de mis grandes dudas existenciales es en que escalón de la discapacidad ubicar a una persona renga. No puedo evitarlo, no puedo dejar de pensar que los rengos son todos unos mentirosos.
Unos farsantes que exageran su “mal formación” para entrar en un mundo que simplemente no les corresponde. Un mundo de estacionamientos cómodos, de prioridad en colas interminables, de no tener que hacer la colimba obligatoria, etc.
La renguera es la única discapacidad que es capaz de imitarse, o de igualarse momentáneamente. Claro, nadie puede quedarse sordo por una semana, dejar de hablar por dos días, o no poder ver en una semana.
Todo eso, constituye un mundo de discapacidad al cual hay que sustentar y apoyar para hacerles la vida más llevadera a las personas que realmente sufren. Digamos que ya tienen suficiente intentando llevar una vida normal, pero con capacidades reducidas.
Sin embargo, el rengo es un colado, el rengo es el no invitado en una fiesta de cumpleaños, es el que llega sin regalo, el que asiste a un simposio para psicólogos, sin haber aprobado siquiera la primer materia.
Todo esto me revuelve el estomago, me parece una injusticia y una falta de respeto hacia los que verdaderamente se encuentran disminuidos de sus capacidades. Sin embargo, los rengos siguen operando de manera impune por toda la ciudad.
No se si estoy actuando de manera precipitada o mas bien me dejo llevar por las emociones. Es que ayer, me pase 30 minutos buscando un lugar donde estacionar dentro de un shopping y mi conexión con el mundo real llego verdaderamente a pender de un hilo de pizza.
Por eso cuando vi a aquel rengo bajar de su auto estacionado en el lugar reservado para los discapacitados pensé; “Ahh, pero por esa renguerita te cierro trato ya. Mira vos este descarado”.
El problema de las discapacidades radica en que el ser humano le ha dado demasiada importancia a la ciencia, a la tecnología, a los medios, pero a costa de una decaída brutal en los asuntos que requieren de primitiva sensatez.
Hay determinados objetos o actitudes que jamás crecerán o desarrollaran. Por ejemplo, el arroz, siempre será arroz. No importa que procesador de computadora llegue en el año 2020, el arroz logro evolucionar hasta el amarillo, y nunca, pero jamás, habrá otra opción.
Es una falta de respeto que hasta los edificios, los cursos de preparación primaria y los shoppings tengan niveles y no así los rengos. Yo, al ver a ese renguito cualquiera estacionar en un lugar tan privilegiado pensé; “Yo podría tener esa renguera. Mi hermano podría tener esa renguera.” Y cuando estacione el auto camine una cuadra como rengo, como si me probara un par de zapatos nuevos.
A medida que caminaba me iba sintiendo cada vez mas cómodo. Miraba el lugar adonde había estacionado aquel sujeto y no podía parar de pensar en el excelente negocio que le había propinado el destino.
Por eso se me ocurrió ajusticiar esta particular característica o defecto genético y resolverlo directamente a boca de urna. Organizar una especie de votación para poder votar la ley del VTV en personas rengas.
Para los que no lo saben, el VTV significa Verificación Técnica Vehicular. Es el ente que regula que el auto este en condiciones de salir a la calle, de ser usado, y que no signifique un riesgo para la sociedad. Para poder obtener la oblea del VTV, el auto es sometido a un minucioso control con el fin de detectar fallas.
Algo parecido propongo para la renguera. Un enorme campo de deportes y distintas canchas. Habría una de tenis, una de fútbol, un ring de boxeo, etc. También se tomara la velocidad, el salto, y el remate con balón numero cinco de fútbol.
Si una persona puede hacer un gol, tener un buen saque de tenis, o simplemente ganar una carrera de 100 metros, definitivamente no merece un buen lugar para estacionar. Cualquiera puede argumentar un tobillo esguinzado, un dolor en el talón, o cualquier cosa que imite a la renguera.